jueves, julio 09, 2009

"más que los productos, los procesos...más que una pasión, (son) sentimientos" (reflexiones y confesiones macabras de un hincha)

Inicio con un temor y un desconcierto. El primero es bastante recurrente, la sensación de que tus amigos y amigas más "pensantes" o intelectualoides te crucificarán por ser un alienado. El segundo se cada cierto tiempo, cuando muchos (para este caso muchas, porque se nota más en ellas) no te toman en serio por lucir como "hincha". Más allá de estas dos aprensiones previas, creo que hablar de fútbol siempre tendrá matices. De hecho mis analogías futboleras abundan en mis clases y alguna referencia a todo lo que rodea a este deporte. Creo que aquí hablaré "desde el fútbol". Siento que es más preciso, porque no será un análisis técnico ni nada parecido; me instalo desde la experiencia vital del ser hincha; levanto la voz desde la cultura futbolera y desde mi particularidad generacional y ética.
Desde pequeño que aluciné con el fútbol. Nunca fui una eminencia, pero me defendía y a punta de entrenamiento (y aprovechando mi estatura) logré momentos inolvidables defendiendo la camiseta de mi colegio o el orgullo del barrio. Tuve un partido inolvidable en una húmeda cancha del Colegio Concepción de Chillán cuando, jugando frente al Darío Salas (perdíamos 2-3) agarré un centro de mi compadre Fernández y me pegué una palomita que nos dio el empate en los minutos finales. Fue tanto que me emocioné, como si fuera una final, que después el Candia, mi compañero de curso, me molestó hasta fin de año por llorón.
Luego tuve un fugaz paso por el Chillán Viejo, para después llegar a Santiago y dedicarme religiosamente al pichangueo escolar de los recreos y posteriormente en el Pedagógico como centrodelantero de mi promoción.
Ahora que cumplo 34 años y soy un hincha de la U, pienso en lo que sucedió anoche. Más allá del campeonato y de lo que pueda despertar tanto en adherentes como en detractores del equipo de mis amores, siento que ayer se producía una síntesis mágica y simbólica de lo que para mí significa llegar hasta estas alturas de mi vida siendo azul.
Cuando bien chiquito y no sabía de "fidelidades" en torno al fútbol, como muchos me gustaba el equipo que fuera primero. Me gustó Palestino, tal vez me llamó la atención el Audax (el verde me tiraba). Una tarde mi padre me preguntó qué equipo me gustaba, le dije el Palestino. Se cagó de risa y me miró con esa ternura de un padre que ve como su hijo toma partido por algo. No me dijo más y me prometió llevarme al Estadio. Y aquí, mis queridos lectores, comienza mi pequeña confesión que para mí le da el sentido poético y de profunda libertad a mi corazón bullanguero. LLegamos al Nacional, era un clásico. La gente del Colo y la U en ese tiempo compartía accesos e incluso estaban juntos en partes del Estadio. Es aquí cuando el instinto democrático de mi padre me jugó una mala pasada: "ya, elige una bandera". Elegí y el guardó silencio. Esa tarde el Colo le ganó a la U por 3 a 1. De ahí en adelante pasé parte de mi infancia siendo del Colo.
En Chillán, mis mejores amigos, aquellos que te marcan para toda la vida y que sientes tus hermanos, eran todos de la U. En ese afán por autoconfirmarme en mi identidad, defendí mi condición de colocolino. Y curiosamente, con ellos teníamos un equipo de barrio que enfrentaba a los de la Plaza San Francisco o a los del Maracanito (peladero ñublensino cercano al barrio). En ese plantel esta el Loncho (un Maradona), el Chocolo (un "Mortero Aravena" que le pegaba como animal a la pelota); y el resto Mario, Samuel y yo. Jugábamos todos los días, había un buen grupo de jugadores, pero así y todo algo pasaba que perdíamos o en el último minuto o simplemente fallaba algo. Nunca podíamos derrotar a los de la Plaza San Francisco. Nos tenían de caseros, salvo una tarde, en que me dolía la cabeza y no pude salir a la calle. Jugaron en la plaza y ganábamos 3-2, el temor a perder nuevamente se instaló en todos, pero San Isidro estuve de nuestrro lado y mandó un chaparrón que terminó con el partido antes de tiempo. Me asomé por la ventana y vi por primera vez la sonrisa de los ganadores en mis amigos. Junto con esto está aquella en que tarde vi como la U le ganaba una definición de un cuadrangular al Colo en el sur con goles de Lecaros y entendí en cierta forma lo que a mis amigos los hacía sentirse azules a pesar de la etapa oscura que vivía el club.
Cuando volví a vivir con mi padre, tuve mi reencuentro con Santiago. En aquella época, armamos dos equipos en el curso. Curiosamente quedé en el que jugaba un par de chunchos. El rival, la mayoría colocolinos. De alguna forma, todo lo que rodeaba al Colo me apestaba, su gente, su existismo, la falta de pasión. De mis compañeros de equipo, aprendí la entrega, la mística, el romanticismo.
Es por esto que me atrevo a escribir desde el fútbol. Porque sostengo que la realidad, por cualquiera que sea, no puede medirse en antagonismos simplistas ni limitarse a análisis apriorísticos. Sí, lo acepto, el fútbol despierta una irracionalidad peligrosa (fascistoide y machista a ratos), pero creo que no podemos aseverar que TODO el mundo lo entiende así. Del mismo modo, creo que toda actividad humana, incluso el deporte, puede estar impregnado de ciertas prácticas y posicionamientos ético políticos. Para mí el fútbol no es una excepción. Por esto, cuando mi padre asume que mi paso a la adolescencia está marcado por mi sorpresiva identificación con los colores de la Universidad de Chile, lanza su "discurso democrático": Cristián, las mejores cosas son las que se eligen.
El 94 y 95 fueron años en que volvimos a la gloria. La mística bullanguera se nutrió de años de derrota. Atravesados por la Dictadura, también su hinchada se fue contaminando de historias de represión, de solidaridad, de resistencia. Tal vez, poco queda de aquella herencia, pero aún se perciben rastros de aquello. Está en nuestro ADN la capacidad de resistir a la adversidad; como muchos chilenos no tenemos casa (estadio); nos gusta el dramatismo y siempre las cosas nos cuestan; sin ser conformistas, estamos en las malas, defendiendo nuestra identidad colectiva; aquí el sentimiento y la pasión tienen un equilibrio perfecto. No es raro que la gente que no es de la U no vea nada en nuestra pasión, porque lo que nos mueve está en lo intangible, no hay tantas copas, no hay infraestructura, ni mausoleos. Queda claro en la lírica y estética de este equipo la diferencia: los cánticos poseen una poética romántica evidente; ya desde el himno es innegable la belleza que inspira nuestra identidad; los lienzos y sus colores; la manera de sentir la fiesta, se nutre de lo que otros ven como una condena. Nosotros crecimos en la derrota, y qué tanto! El fútbol no es sólo fútbol. La realidad es más compleja. Hay que ganar, es cierto es un deporte, pero el cómo y el para qué también importan.
Ayer, estaba a horas de cumplir 34. Para variar, nada estaba claro, la incertidumbre siempre inunda nuestras luchas. Y ahí surge lo mejor de nosotros, la valentía y apoyo, que es nuestro sello. En medio de eso, enfilé con mi padre hacia el Santa Laura.
Siempre hemos sido yetas, cada vez que vamos juntos, terminamos sufriendo con mi viejo. Esta vez tenía que ser distintos. Hicimos una cola enorme, entramos y estaba llenísimo. No podía estar más nervioso. No había espacio para sentarse, pero nos salvó la solidaridad de un señor que, con su pequeño retoño, esperaba que nuestro equipo diera la vuelta.
Este año llegué a trabajar a Independencia. Mis queridos y odiados alumnos son mayoritariamente del Bulla. Si bien en el pasado me tocó ver colegios donde todo era lo inverso, ahora los postes azul y rojo adornan las avenidas y calles. Otra señal mágica.
Llegó el gol y desatamos toda nuestra alegría. Esos segundos en que quedas medio sordo. Se detiene el tiempo. Como en la misa, te "das la paz" con el de al lado. Todo es sonrisas y abrazos. Campeones otra vez y en este Estadio en donde se escribió gran parte de la historia de Los de Abajo.
En plena vuelta olímpica y celebración, escuché una frase que me conectó con el pasado, que me emocionó por su simpleza y honestidad: "qué bacán es ser de la U!". Giro y veo su rostro. En esos ojos brillosos e ingenuos estaba la luz de Mario, mi viejo amigo de infancia; estaba la sonrisa total de Samuel, aquel con el que completábamos aquel trío inseparable de esa calle de Chillán. En esa frase estaba el orgullo, la síntesis de una noche épica, de nosotros que no tenemos nada y que sabemos lo que cuesta llegar a la cima. Ser un perdedor hermoso es mi camino.
Bajamos las escalinatas de la galería andes, mi padre necesitaba un baño urgente. Salimos del Estadio un poco antes de la masa. Nos perdimos en un taxi por Independencia, así como lo había soñado y profetizado a un estudiante: "iremos en una gran caravana a través de una avenida iluminada y atestadas de banderas y postes con nuestros colores que se multiplican hasta el río mapocho".
Ya estaba a un par de horas de cumplir 34. A punto de dejar la edad de Cristo para tener la edad del Matador Salas. Comimos y brindamos. Era, al parecer, una suerte de celebración íntima con mi padre. Mi madre está en algún sitio o en ninguna parte, pero nos dejó hace exactamente 5 años (los mismos que nos demoramos en volver a ser campeones). Los dos sentimos como la comida peruana era más sabrosa que de costumbre. Nos reímos de la mala suerte y mi padre, lleno de alegría y nostalgia, me dijo: "qué bueno haber ido al Estadio juntos y vivir esto...alguna vez fui con tu abuelo a ver al Colo". Con esta última confesión, se cerraba el ciclo. Alguna vez mi querido, pero severo abuelo, había llevado al Estadio "a ver al colo".
Ahora termino de escribir este texto, mientras por los pasillos de mi liceo, la euforia y el orgullo de mis estudiantes bullangueros se extiende en cánticos y risas. Hablé desde el fútbol y desde una generación que vio transformaciones sociales y culturales (que aún consideramos mezquinas) y que marcaron nuestro sentir y ser hincha.
Disfruto este cumpleaños, disfruto este campeonato (de un partido que se corrió de fecha, más magia, lo ven?); miro a mi gente saltar y reír; estoy siendo parte de una fiesta, que tal vez arroje nuevamente problemas y actitudes criticables. Pero como en muchas cosas. La verdad, en la Música, el Arte y la Política, por decir algo. En todos esos espacios hay sanguijuelas y prácticas que no compartimos; sin embargo, no dejo de bucear en ellas, en cada uno de sus matices, desde donde me posiciono, hago un diacrítico...estoy acá, siendo humano, con historia, con memoria y con el deseo de ser libre; de elegir, aunque la realidad nos diga lo contrario....bueno, nadie dijo que esto iba a ser fácil, está demás decirlo, sé muy bien de lo que se trata, SOY DE LA U!...

martes, abril 21, 2009

todo va para abajo!

una semana de mierda. una existencia de mierda. felicidad en frascos pequeños, que parece veneno, que parece perfume caro, una muestra cagona para sentir que es rico pero imposible.
no quiero culpables ni víctimas. decidido el camino que vengan los baches, las curvas peligrosas y los derrumbes.
no hay muchas novedades importantes. la declaración de independencia del ser humano en medio del mundo absurdo de los sueños.
todo sale mal porque hay una liquidación de fracasos. entonces es mejor venir a encerrarse cuando el otoño se empeña en no llegar. el retraso de la caída de las hojas es la imposibilidad del ocultamiento.
no me gusta como luzco y decido mis disfraces. engaño y mato. mato y pido respuestas. en las barras y mesones aparecen los fantasmas y las alucinaciones.
ven y dime cuales son mis pecados. deja caer la espada olvidada sobre mi pescuezo. vamos a decirle al mundo entero cuáles son los rezos de porquería que se necesitan para avanzar un poco en la desgracia y en la asunción de los bígamos y las vírgenes homicidas.
existe un claro de luna y un entonces de soles ensombrecidos por la lujuria y el sinsentido. una botella que no se vacía ni menos lámparas que se froten. solo cuerpos, solo pelos, sólo olores. el insoportable mecanismo de defensa de los solitarios. aniquilada la imagen, desatada la verdad. la corrupción del método es cuestión de tiempo. estoy en a frontera. estás en la trinchera, quién espera a quién. no quiero ver a los de siempre. no quiero que repitan sus bromas, no pienso repetir mis caras. oír las canciones de siempre sería una tortura.
vamos a arreglar todo
vamos a decir cual es la combinación exacta
no quedan esperanzas
no manejo los explosivos
no hay escapatorias
no hay drogas en abundancia. se nos perdió la posibilidad de sentir que es menos doloroso
nos queda la poesía que se manosea con todos
que viene cualquiera y se pone a escribir en palabritas
que viene cualquiera y me mete la mano en la billetera vacía y me pone mala cara
y le digo que el corazón no es cualquier mierda
que primero debe preguntarle a mi órgano sexual que tal viene el ritmo, para poder programar los latidos y pensar que eso es amor. esta estupidez llamada esperanza no anda al lote. ven a darte una vuelta por las calles que me gustan. voy a ir a tomar más vino con gente que no viene por el centro. voy a escribir más vómitos como este, vas a tener que leer y darte cuenta que no puedes seguir invitándome a tomar y que no puedes decir que lo que lees y sale de tu mano vale la pena. porque no tienes pena. porque tener pene no es una garantía pero sirve de espacio reflexivo cuando meas. esto es un desastre. 2009 es un desastre
y no hay presupuestos
tengo 33, 34, miles de deudas
todo es un desastre
no hay éxitos aunque mis amigos se engañen y lo crean. todo va para abajo, antes o después. no hay motivos para pensar que esta vez va a ser distinto. se preparan los suicidios y los fusilamientos, se confunden, se confunden, entonces no hay a quien culpar ni por quien llorar.
llorar es muy triste y agarrar a golpes las paredes igualmente imbécil...

domingo, abril 12, 2009

lectura complementaria


insistimos en ser felices. constatamos una vez más que es el peor negocio existente.
arruinando todo como un niño malcriado y corto de vista. no hay flores en mi casa. la tierra se mezcla con los cabellos de gente que me odia.
hace horas que vengo mirando el reloj de los peatones. no hay novedades en mi ventana. mientras las palomas le disputan la costanera a las gaviotas.
nunca tuve un conejo ni chocolate entre los dedos.
había una resurrección. pero los traidores siempre han sobrado y han sido mal mirados, no comprendidos, destinados al trasero de la historia. no había más que búsqueda de amor. y el amor que todo lo puede, puede también el sufrimiento.
insistimos en apostar. tenemos la certeza repetitiva de sentirnos defraudados. entonces no hay recitales de desconcierto posibles. se acaba la complicidad melódica que acompaña los pasos erráticos de un organismo que no sueña.
menos horas tirado en la cama no me trajo el éxito ni recompensas. hacer más sólo aumentó el riesgo. estropear. estropear. estropear. destrozar.
regalar una imagen. sorprender con malas jugadas. inventar reglas que nadie acepta. ir por veredas inexistentes.
no hay opciones. solo un lado. no hay modos.
en las esferas y en las cumbres desoladas de la ciudad se puede ver con claridad cual fue el destino de tu miserable fin de semana. desde ahí hay un rezo oculto que calma tu sexo, que orienta tu fuerza, que maneja tu potencia. permite a veces llevarte a la cama en paz.
y miles de edificios avanzan pisando fuerte y destruyendo el pavimento. no habría proyectos, no pensaríamos en ayuda, nadie esbozaría una sonrisa, menos agradecimiento si no fuéramos unas bestias primero. unas bestias horriblemente humanas. inconcebible sería el mirarse al espejo. un reflejo hecho materia. un fenómeno hecho objeto. para llenar de belleza o complejos el mundo, bastó querer guardar un momento. ser más que un segundo. ser más que lo que dura la frontera.
en las ruinas de nuestras vidas. hay transmisores fuera de servicio, obsoletos. en la virtualidad del glaciar milenario de nuestras culpas y odios. la palabra que no sirvió de nada se derrama junto al elixir del olvido.
no sabremos qué carretera sirvió de atajo para la muerte. fue un guiño para ser el peor. peor. arrastrando la caída. arrastrando sin sentido. nada. nothing. nata que viene ser eyaculación láctea. en el sistema solar de mi arrepentimiento sólo hay planetas con tu nombre y el polvo estelar aquel se pierde, enceguece, enceguece, perdido, torpe.

miércoles, abril 01, 2009

campo magnético


las canciones tristes no van a matarme
son sólo la melodía de la vida miserable
van a hacerme fuerte y darme compañía
tan sólo van recordarme ciertas cicatrices

pero nada será peor que la carne abriéndose
o el alarido sordo ahogándose en una garganta destrozada

las canciones no van a matarme
las fotos y su juventud no van a vencerme
el recuerdo puede ser algo más que destellos de felicidad perdida
cumplirán el rol que les he dado para ubicarse en mis dientes
y no en mis ojos

pero nada serán peor que el corazón abriéndose
o el golpe de tus huesos sobre el pavimento
y la terrible expresión de tus ojos
preguntándose el porqué de este turno sorpresivo
de este llamado inoportuno
de esta despedida sin invitados
sin pañuelos
y con una sobredosis de prensa añeja
cayendo lentamente sobre tu cuerpo
una tarde de otoño

lunes, marzo 30, 2009

vacío y satisfecho

no tengo la certeza de cuantos bares fueron en verdad
recuerdo bien los momentos en que sabía que estabas aquí dentro
y también cómo me programé para sacarte a tiempo

a veces basta un viaje
al corazón de la felicidad de los demás

aunque te viera besar a otro
nunca te llevaste nada realmente mío

tengo postales de tu plenitud
y escribo en soledad líneas que nunca me llevarán a ningún sitio
la única certeza de la horizontalidad
es la mayor convicción de la derrota

te vas tras la cordillera
como otras lo hicieron tras las barreras sociales
los viajes
las expectativas de vida
las ambiciones
los sueños
las religiones
los modelos

yo me quedo escuchando al viejo Cohen
mientras abro una ventana enorme que da a un parque de besos
para ventilar la soledad húmeda de una habitación de paredes enormes
desde donde vuelvo a escribir cosas sin importancia

viernes, marzo 13, 2009

estado de demolición!

Santiago se derrumba
para levantar la peor de las imágenes, el más despiadado de los insultos
algo sucede en las alturas, nada sucede a ras de suelo
una gigantografía sacraliza las nuevas formas de vida
hay una mira oculta que va eliminando tus pasos, tus tardes, tus caminatas

no hay sol
y alguien nunca sabrá lo que es la sombra
en cada esquina veo como se cae a pedazos lo que fui
una animita móvil invisible se instala en las avenidas
lleva tu nombre, el mío y aquella foto que nos hicimos alguna vez

no hay ninguna salida
estoy hablando con fantasmas, estoy comprándole a fantasmas
estoy enamorándome de fantasmas
estoy viviendo en un pueblo fantasma

hay que ir circulando
hacer planes en un lugar que no existe
llevarse nuestras formas y colores
enterrarse vivo
llegar antes que las máquinas
lanzarse al socavón
guardar comida, con sus envases
música con sus carátulas, libros con sus personajes
humanos con sus corazones
ideas con sus historias

existirá un rumbo único que no nos llevará a ningún sitio
nos dejará aquí mismo
creeremos ir trotando pero es el truco escenográfico
sentirnos bien en todos lados
porque todo es como nuestro hogar
no como antes
en que todo era tan confuso, tan sucio y oscuro

desde esta ciudad
desde este espacio, hábitat por excelencia de estos tiempos,
invoco la ira de michimalonko
para desafiar la reconstrucción que hizo olvidar su fuego
y reclamar la posibilidad de arruinar sus castillos de arena
de descubrir los orificios de sus baldes
soplar fuerte
para que el fuego milenario vuelva nuevamente
y que llegue al cerro blanco y se divierta subiendo y bajando de oriente a poniente
estremeciéndose con rabia desde sur a norte
de una vez por todas

y para siempre!

jueves, enero 15, 2009

por los poros!

un verano fatal, no cabe duda...había un cuerpo extraño en mí.
algo que no había que despertar. atreverse era un desafío a la muerte, a la soledad, al olvido.
el calor y las picaduras de una inusual invasión de zancudos eran la señal terrible.
yo venía con calma por la avenida.
vendí mi bicicleta. conseguí algo para escuchar mis discos. volví a sentir rabia una mañana frente a los diarios.
es comala, pero es santiago. hablo con los muertos porque sé el idioma de los sepulcros. no puedo abrir las ventanas. un ventilador y sin polera para escribir sin mayores esperanzas acerca de la escasez de esperanzas.
sudo porque soy sudamericano. miro por la ventana al parque porque estoy solo. comeré mañana lo mismo que hoy. la confusión o el miedo me hacen ver malo.
quisiera sacarme la piel.
voy a escuchar la música que he grabado. voy a pedir una copa en la próxima esquina.
veo gente que se parece a mi pasado.
no veo a los que me quieren, no veo a los que me quisieron.
sería bueno, tal vez, ir a la costa. emboarracharse como de costumbre. sentir frío y sueño-
prender fuego con fósforos
fui en busca de nuevas sensaciones
he cosido mal mi bolsa de equipaje
porque se que lo que arroje dentro, pesará o se perderá dejándome el dolor o la duda

un verano, unas palabras parecudas al invierno
rojo
como canciones soviéticas, como fiestas vascas, como el vino en la cara sureña
como los pechos no televizados de los mapuche
voy a buscar algo al refri
quiero dormir bien una noche
mañana comeré lo mismo que hoy